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Portada  |  03 junio 2020

Falleció el conocido “Gordo Moneda”

Las calles del centro y de barrio Sur ya no serán más las mismas: los vecinos revelan quién fue y qué le pasó a Raúl Artaza, Raulito, Monedita.

La casa tiene las persianas de madera caídas. Si alguien golpeara a la puerta y llegara hasta la pieza del fondo confirmaría la noticia: ya no están las camas cuchetas donde dormía junto a sus hermanos. Es la casa donde trabajaba su abuela y su madre hasta que abandonaron a Raúl Artaza, Raulito, Monedita.

En la esquina de la casa está Quino. Son las 10 de la mañana y todavía no abrió. Al frente hay un drugstore bar relativamente nuevo como para preguntar por él. Pero unos pasos más adelante está el almacén de Blanca y Raúl, tocayo del Gordo Moneda. Ahí hay que volver a preguntar como hace cinco años preguntaba Pedro Noli para contar su historia en Tucumán Zeta. Y ellos dos, Blanca y Raúl, son los que confirman la noticia: “Ha fallecido el Gordo Moneda”.

“Nosotros vivimos aquí desde hace 38 años. Raulito tenía 7. La abuela se llamaba o se llama Rosa. Era empleada doméstica de la casa y en el fondo los patrones tenían una casa-habitación donde vivía Rául. Desde chico, cuando él estaba mal era agresivo. Esas cosas tenía cuando no le daban”, relata Blanca, pero a su lado Raúl aclara: “Era bueno”.

“Nunca ha tomado bien su medicación. Y al no alimentarse bien, se ha dejado estar. Las veces que Raúl lo ha bañado, lo cambiaban, lo dejaban como nuevo. Como se llaman igual, Raulito le decía: ‘¡Eh, Raúl! ¿Cuándo me vas a bañar?’ Se dejó estar y lo agarró el colesterol. A él le encantaba tomar gaseosa. Cuando venía con plata me pedía una Coca Cola. Yo le decía: ‘Tomá sin azúcar, Raulito’. Después ponía una manteca entera entre dos panes como si fuera queso y glum: se lo comía. Nunca se cuidó”.

Los primeros años del Gordo Moneda son de un niño con delantal celeste, cuando iba a una escuela distinta a la de los hermanos. “Vivía en la calle. Volvía tarde. La madre lo abandonó para irse con otro. Ella tenía jubilación, no sé si le cobraba. Raúl era apellido Artaza. Le querían pagar el neurólogo, porque estaba enfermo. Pero nunca nos dijo qué tenía”, agrega una vecina del barrio.

Otro vecino que ha cuidado hasta los últimos tiempos a Monedita es el Doctor Yapur, donde Raúl lo acondicionaba para andar limpio por la calle pidiendo monedas a los tucumanos y tucumanas en el centro, principalmente por la San Martín, plena zona bancaria, con cajeros automáticos cargados de billetes, pero no de monedas: “Cuando le daban, andaba contento. Hacía bastante. Para las Fiestas juntaba mucho y se daba sus gustos: compraba su lechón, la sidra, la gaseosa y le encantaban los cohetes”.

“¡Comía mejor que nosotros! Yo”, se ríe Raúl, quien tiene un buen recuerdo del amigo que ya no está, confirmado lo que miles de tucumanos y tucumanas sospechaban porque hace rato que no lo veíamos por nuestras calles: ni por las del centro ni por las de barrio Sur, donde a veces se quedaba dormido en las escaleras junto a una Torasso de tres litros.

Las últimas noticias que fueron llegando al almacén de Blanca y Raúl no eran buenas: “Supimos que estuvo un tiempo internado en el Obarrio. También había estado en el Centro de Salud, pero se escapó. Las últimas noches las durmió en la parroquia San Gerardo de la avenida Alem. La última vez tenía muy mal la pierna. Tomaba ibuprofeno y le calmaba el dolor, entonces le decía a Raúl: ‘Decile a la Blanca que me dé ese remedio que me ha calmado el dolor’. Pero después se le fue empeorando”.

“Raúl era un chico de la calle. A veces le teníamos mucha lástima. Lamentablemente tenía problemas. A veces se extraña hasta la manera de retar que tenía. Venía al almacén y cuando me retaba, yo le decía: ‘¡Raúl! ¡Portate bien!’”, relata Blanca, mientras otra vecina recuerda una imagen del personaje tucumano que falleció en diciembre de 2018 y del cual nada se sabía. Es una imagen del Gordo Moneda por las calles de barrio Sur, con un camperón, la bolsa con comida, y las naranjas todavía verdes de los árboles, a veces en sus pies y otras en sus manos, arrojándolas contra un ventanal.

Fuente: eltucumano.com

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